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La restauración es el proceso mediante el cual se corrigen los defectos de algo para devolverlo a su estado original. Para restaurar es necesario recuperar o reclamar lo que se ha deteriorado. Luego hay que reconstruirlo, para rehabilitarlo. Una vez rehabilitado, puede ser dedicado a su propósito original.
En la ciudades de nuestro país podemos ver edificios antiguos abandonados, muchos de ellos con arquitectura muy atractiva. Pero el paso de los años y el abandono han convertido a esos edificios en representaciones sórdidas de su glorioso pasado. Edificios que en un tiempo sirvieron como hogares de familias pudientes, ahora son albergue de adictos, traficantes y prostitutas. Sin embargo, en muchas ciudades hay planes para rescatar esos edificios, restaurarlos para convertirlos en algo igual o mejor de lo que fueron originalmente. El proceso de restauración es reglamentado por expertos que conocen de la historia arquitectónica. Esos expertos se aseguran de que se utilicen los materiales adecuados, esto incluye ladrillos, madera y color de pintura. Algunos procesos de restauración son tan estrictos que ni siquiera permiten el uso de herramientas modernas. En el proceso sólo se usan herramientas de la época original. Los seres humanos nos parecemos mucho a esos edificios. Dios nos creó con un propósito en mente, para que mantuviéramos una relación con Él. Pero con el paso de los años, nos hemos alejado de Él, por el abandono, por el pecado. El pecado es el deterioro del ser humano e impide que cumplamos nuestro propósito original. Nuestras fachadas se convierten en rostros sórdidos, se pierde la paz y se llega hasta el borde de la desesperación. El pecado trae a nuestras vidas el equivalente de los adictos, los traficantes y las prostitutas en la forma de ideas y pensamientos corruptos. Muchos no aceptan estas verdades, pero la Biblia dice que todos hemos pecado (Romanos 3:23). Por eso necesitamos ser restaurados. Afortunadamente, Dios tiene un plan para restaurar a cada uno de sus hijos a la condición original. Él quiere que cumplamos el propósito original de nuestras vidas. Pero los procesos de restauracion son arduos y dolorosos. A veces, para reconstruir, primero hay que demoler. Eso quiere decir que será necesario sacrificar algunas cosas en nuestras vidas que pueden ser de tu agrado en el presente pero que a Dios no le agradan. Eso puede ser difícil para muchos. Sin embargo, no están solos en ese proceso porque su Espíritu Santo está dispuesto a ayudar a todo aquél que venga a Cristo. Además, el Espíritu y la consciencia le han hecho saber a cada uno qué cosas no le convienen. Todo ser humano necesita restauración para estar en paz con su Creador. Ese proceso comienza por aceptar a Jesús como Señor y Salvador. No hay otra manera para la restauración espiritual porque nadie puede llegar al Padre sino es a través de Cristo (Juan 14:6 y Hechos 4:12). La restauración espiritual tiene beneficios de vida eterna, también produce beneficios inmediatos en la vida terrenal. Se restaura el gozo de vivir, el amor a los demás y a uno mismo; se comienza una vida nueva con el propósito original, tenemos una relación con Dios. Le invito a que si todavía no le ha pedido a Cristo que sea el Señor de su vida lo haga ahora. Pídale perdón y dedíquele su vida a Él. Comparta estas buenas nuevas con las personas que más quiere, su familia, y comiensen el proceso de restauración. En la Iglesia Bautista de Jesucristo Misión Yauco, con mucho respeto, le podemos ayudar en el proceso de “construcción”.
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